Mateo Lluberas: competir cuesta arriba y llegar igualmente a la élite
El salteño de 19 años se ubicó entre los cinco mejores del BMX Freestyle suramericano, pese a desarrollarse en un país que no cuenta con una pista que reproduzca las dimensiones y exigencias de las rampas olímpicas.
El quinto puesto conseguido por Mateo Lluberas en la final de BMX Freestyle de los Juegos Suramericanos ODESUR debe analizarse mucho más allá de una posición. Detrás de ese resultado existe una historia marcada por el esfuerzo, la perseverancia y una permanente lucha contra las diferencias de infraestructura.
Mientras los representantes de las principales potencias de la disciplina pueden prepararse diariamente en escenarios de nivel internacional, Uruguay no cuenta con una pista que reúna las dimensiones y características de las rampas utilizadas en competencias olímpicas. Esta carencia ha convertido el crecimiento deportivo del salteño en un camino cuesta arriba.
Lluberas se formó en La Fosa BMX Club de Salto, un espacio construido a pulmón e impulsado por su padre, Pablo, junto con quienes acompañan el desarrollo de la disciplina. Sin embargo, las rampas disponibles en nuestro país no permiten reproducir completamente las condiciones que Mateo encuentra cuando compite en el exterior. Él mismo ha explicado que los skateparks uruguayos no resultan suficientes para entrenar al nivel que exigen las grandes competencias internacionales. Cada viaje representa, por lo tanto, un doble desafío: competir contra algunos de los mejores exponentes del continente y adaptarse rápidamente a rampas más grandes, líneas diferentes y alturas que no puede practicar habitualmente en Uruguay.
A pesar de esas dificultades, el joven salteño logró clasificarse cuarto entre nueve participantes y posteriormente finalizó en un destacado quinto lugar en la definición de los ODESUR. Una actuación que lo colocó entre los mejores de Sudamérica y confirmó que posee condiciones para competir al máximo nivel.
Que un deportista de apenas 19 años haya llegado tan lejos, enfrentándose a competidores que disponen de mayores recursos y mejores condiciones de preparación, es motivo de orgullo y reconocimiento. Mateo no solamente representó a Salto y a Uruguay: también demostró hasta dónde pueden conducir el talento, el sacrificio familiar y la determinación.
Su quinto puesto no debe verse como una oportunidad perdida ni como un resultado menor. Debe valorarse como una enorme conquista obtenida en condiciones desiguales y como una señal clara de todo lo que podría alcanzar si contara con una infraestructura adecuada para entrenar.
Mateo Lluberas ya hizo su parte: trabajó, viajó, se adaptó y llevó la bandera uruguaya hasta una final continental. Ahora el desafío también corresponde a quienes tienen la responsabilidad de respaldar su crecimiento. Porque acompañar a este joven talento e invertir en una pista con condiciones olímpicas no sería solamente apoyar a un deportista, sino darle una verdadera oportunidad al BMX uruguayo.
El quinto puesto de Mateo merece aplausos. Pero, sobre todo, merece ser valorado en su verdadera dimensión.